En el verano del año 1987, el piloto grancanario mantuvo una batalla al segundo contra el madrileño. Dando sus primeros pasos a los mandos del BMW M3 E30 con el que luego acabaría convirtiéndose en leyenda, el de Arucas acarició la victoria en una prueba que empezó liderando. Sin arrojar la toalla hasta el final, tuvo que conformarse con la plata.

Corría el verano del año 1987. Entre los 9 y 12 de julio, la isla de Gran Canaria se erigió en el foco nacional y europeo del automovilismo. Toda esa atención la concentraba el 11º Rally El Corte Inglés, establecido como el más importante del Archipiélago. Los equipos extranjeros ya sentían el atractivo de la prueba insular. Desde Bélgica venía Patrick Snijers con su BMW 325i Grupo N, mientras de Argentina lo hacía Jorge Recalde sobre un Lancia Delta HF 4WD.

Sin embargo, todos catalogaban de favoritos a los pilotos españoles, siendo Carlos Sainz el más destacado de ese listado. El madrileño, en su primera temporada con Ford, aterrizaba en Canarias como un firme candidato al título del máximo certamen estatal, el Campeonato de España de Rallies de Asfalto (CERA). A los mandos del Sierra RS Cosworth, ya empezaba a despuntar en la esfera mundial, en la que se había estrenado con un scratch en Portugal.

Al deportista de la capital no le gustaba cargar con esa condición de elegido para la victoria. Sabía que afrontaba un evento «difícil de ganar». Y tan complicado que le resultó conquistar el peldaño más alto del podio. José María Ponce, que daba sus primeros pasas a bordo del BMW M3 E30, le empujó al límite desde el inicio hasta el final. El isleño fue el encargado de tomar la delantera en la etapa inaugural del rally, integrada por tres tramos a triple pasada.

El líder del plantel de Sauermann Competición dominó el primer bucle del día. Fijó el mejor tiempo en la especial de ‘Cueva Grande’ y repitió en las de ‘Parador’ y ‘Cueva Corcho’. Así, se labró una renta de 14.0″ que Sainz redujo a 7.0″ en el segundo paso por ‘Cueva Grande’. El mayor de los Ponce seguía al frente de la tabla, pero su estancia en esa posición acabaría con un trompo en la quinta cronometrada. Este le costó 16.0″, pérdida con la que cayó a P2.

José María, acompañado por Gaspar León, no se desmotivó con ese fallo. Todo lo contrario, se lanzó a por la remontada de inmediato. Con un fulminante scratch en el último tramo de esa jornada, se situó a solo 4.0″ de Sainz. ¿Qué ocurriría el sábado? La acción se movía a los recorridos de ‘Temisas’, ‘Ayacata’ y ‘La Cumbre’. Ahí sufrió más el aruquense para aguantar el ritmo de su adversario, que se le marchó hasta los 35.0″, una distancia algo considerable.

Pero Ponce no cejó en su empeño de ponerle las cosas difíciles a Sainz. La etapa dominical era la más corta de las tres, con tres visitas a ‘Fagajesto’ y ‘Pinos de Gáldar’. Carlos parecía tener la situación bajo control. Llegó a estirar su ventaja a los 41.0″. Lo que no entraba en sus planes era sufrir un pinchazo a cuatro tramos de finalizar. Se dejó 27.0″ por el camino y la afición canaria volvía a ilusionarse con la posibilidad de ver a uno de los suyos triunfando.

¿Podría Ponce recuperar los 14.0″ que Sainz le metía? Las esperanzas de ello se dispararon con el registro que marcó el grancanario en la antepenúltima especial. Ya estaba a 11.0″ del objetivo. La amenaza crecía para un Carlos que, consciente del peligro que corría su primera posición, decidió soltar su ataque más certero en el tercer paso por ‘Fagajesto’. Donde había pinchado, sacó el mazo. El tramo final fue para José María, que terminó a 18.0″ de la gloria.

Aunque tuviera que conformarse con plata, el grancanario cimentó las bases de la que sería su relación más fructífera con un coche de competición. Esperó hasta el 1995 para celebrar su tan ansiada primera victoria en el ‘Corte Inglés’. Y la firmó al volante de un BMW M3 E30. Unas campañas antes, en la de 1991, conquistó la corona del CERA… con otra unidad del BMW M3 E30. Así hasta el 2015, cuando realizó su última aparición con el vehículo alemán.

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